martes, 28 de septiembre de 2010

Punto de vista del texto


Aunque exagerada y llevada a unos límites extremos, podemos reconocer en el personaje del dictador la figura de los caudillos militares latinoamericanos (y no latinoamericanos) que a lo largo del siglo han ejercido sus poderes absolutos a costa de instituciones, órganos representativos, libertades y pueblos enteros. Todas las características de los gobiernos totalitarios aparecen reflejadas en las actitudes del sempiterno dictador de la novela: gobierno apoyado en las Fuerzas Armadas (que a su vez son manipuladas en beneficio del poder), uso excesivo y abusivo de los decretos; total y absoluta ausencia de libertades individuales (prensa, expresión, opinión) y colectivas (asociación, reunión, huelga...); manipulación de prensa escrita, radios y televisión; fraudes electorales y comicios amañados; paternalismo, arbitrariedad, demagogia, abuso de poder....
Pero al lado de todos estos factores también vemos las miserias del poder extremo. La cantidad de tropelías ordenadas por el caudillo ocuparían por sí solas varias opiniones. No es necesario citarlas ahora (aunque especialmente destacables por su crueldad son los episodios de los niños de la lotería y el asesinato–banquete del General Rodrigo de Aguilar), y todas ellas vienen a demostrar la concepción y ejercicio del poder absolutamente corrupta, desmedida y exenta de toda lógica humana de la que tanto él como sus colaboradores hacen alarde a lo largo de las páginas del libro.
Para este dictador lo únicamente importante es mantenerse en el poder a toda costa; hacer todo lo que esté en su mano para perpetuarse en el gobierno de un país arrasado, atrasado, arruinado, desesperanzado y desconcertado por un poder tan fuerte y duradero. Para ello, el patriarca utiliza todas las argucias posibles para evitar cualquier golpe de estado o atentado contra su persona. Así, enemista a las Fuerzas Armadas entre sí, da a probar a otros los primeros bocados de sus comidas, desconfía de todo el mundo y está pendiente en todo momento de conspiraciones o golpes tramados desde dentro y fuera del gobierno, reprimiéndolos de la manera habitual: con una cruenta muerte.
Es un tipo con una personalidad compleja: rencoroso, machista exacerbado (“¡Viva el macho!” es una de las proclamas del régimen), vengativo, desconfiado, testarudo...Pero a la vez, tras la imagen de dureza, se esconde un hombre débil e infeliz que es incapaz de conocer y de expresar lo que es el amor. Y quizá esa incapacidad, de la que él es consciente, es lo que le hace ser como es. Es un hombre que está solo en el mundo (sólo tiene a su madre, bien viva, bien muerta), porque su desmesurado poder le impide confiar en nadie más. Es un analfabeto al que, por un lado, no le tiembla el pulso a la hora de ejecutar la tortura de los caballos, y por otra se emociona y alegra como un niño al hacer sus primeros progresos con la cartilla de lectura. Es un ejemplo de delirio omnipotente y calamidad humana que gobierna a su país de una forma calamitosa
Pero él, con todo, no es mucho peor que todo el grupo de ministros, generales, colaboradores y subordinados que revolotean a su alrededor. Son ellos los ejecutores físicos y materiales de su poder y de sus órdenes, e incluso actúan a sus espaldas para mantener su estatus y el del régimen. El dictador ignora muchas cosas de su gobierno, de su pueblo y de su país, sobre todo las relacionadas con la compra de voluntades, manifestaciones de apoyo y/o estados de ánimo y opinión. Así, convencido del amor que le profesan sus súbditos, se ve reforzado en su misión y en su papel de guía de la patria.

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